Por Javier Calvo-Pérez, guardián de la cultura Liderman

Como hemos mencionado en artículos anteriores, todas las compañías debemos gestionar prácticas a favor de nuestra gente, que generen orgullo de su marca o de su empresa, mucho compromiso y mucha comunicación abierta y sin temor alguno.

Estas prácticas deben ser reglamentadas, deben publicarse, deben tener una frecuencia de realización, un presupuesto mínimo y obligatoriedad de asistencia.

En el caso de Liderman, un ejemplo de estas prácticas es El Silbatazo, iniciativa que creamos porque, como en toda compañía que crece, se pierde la comunicación instantánea directa, y siempre hay muchas buenas noticas que compartir, algunas prácticas importantes e, incluso, algo que no hayamos no deseado que suceda: sí, estas cosas son también necesarias de difundir.

El Silbatazo no tiene frecuencia predeterminada. Se toca por todas las áreas de la compañía cuando la gerencia general, en coordinación con el área de gestión del talento humano (GTH), considera que hay un tema importante que comunicar.

Al escuchar El Silbato –elemento clave para alertar en nuestro sector de seguridad–, todos los trabajadores de la oficina dejan sus obligaciones de ese momento y se reúnen en la sala destinada para este programa. Llega el gerente general, y con la presencia de todos, comunica lo que tenga que informar o compartir, y deja un espacio abierto para que los asistentes hagan cualquiera pregunta que quieran hacer sobre ese tema. El Silbatazo no dura más de quince minutos, y todos regresan con una sola idea, un solo mensaje a laborar.

Asimismo, el mensaje es grabado y transmitido a todas las oficinas administrativas que tiene Liderman a lo largo de todo el país.