Jaime Sotomayor, director ejecutivo de USIL Ventures, ha convertido sus fracasos en éxitos. El hombre que fundó una empresa de biotecnología valorizada en US$ 6 millones en Silicon Valley hoy se lanza a la búsqueda de emprendedores peruanos que no le teman al fracaso.

Jaime Sotomayor, Cazador de talentos suelto en Lima

Por: Karen Espejo

Todo el mundo tiende a ocultar sus fracasos, pero yo debo decir que esto en mi vida es una constante. He creado cinco empresas: a dos les fue fatal; a las otras dos, normal, y recién en la quinta acerté. Pero yo sigo y sigo fracasando y cada una de estas situaciones me lleva un poco más lejos para alcanzar un éxito mayor. Siempre me acuerdo de la gran frase de Tom Kelley, uno de los fundadores de IDEO, la firma de diseño más respetada del mundo: “Fail often to succeed sooner” (“Fracasa a menudo para que puedas tener éxito más pronto”). De eso se trata, porque al final de cuentas, ¿qué es el fracaso? Muchos lo ven como una derrota, pero no es así. En realidad es una hipótesis que te planteaste, la testeaste y no funcionó. Bueno, ahora te queda modificarla y volver a lanzarla para seguir intentando. Es el método científico del ensayo y el error. Solo así te aseguras de más probabilidades de éxito.

Te doy un ejemplo. En el 2014, a los 27 años, me sentía un verdadero fracasado. Había hecho algunos emprendimientos sin mucho éxito, no había logrado crear la empresa que quería, y sentía que me estaba estancando muy joven en la vida académica, ya que llevaba tiempo enseñando en una universidad. Ese sentimiento fue el que me llevó a postular a Singularity University, en California -la meca mundial de la tecnología que opera en la NASA-, como un modo de dar el gran salto. Fue como postular a Harvard y a Stamford e ingresar a las dos. Por ello, esas diez semanas cursando el Graduate Study Program lograron un cambio total en mi mentalidad. Allá los emprendedores celebran sus fracasos y los dicen públicamente. Y los inversionistas confían más en los que han intentado una y otra vez, antes que en los que no han fracaso nunca, porque saben que no cometerán los mismos errores. Entienden que es parte del proceso de aprendizaje.

El reto en Singularity es que tienes que crear un emprendimiento que impacte positivamente en la vida de mil millones de personas en diez años o menos. Una visión superglobal y ambiciosa. El emprendimiento que creé junto con mis socios (dos brasileños y un colombiano) fue Arcturus BioCloud, una compañía que buscaba democratizar la biotecnología. ¿Qué hacíamos? Tú, desde la comodidad de tu casa, nos enviabas la estructura genética de la bacteria que quisieras y nosotros con un robot la construíamos en nuestro laboratorio en San Francisco. El robot se encargaba de ensamblar el ADN, de transformar la bacteria, incubarla y todo lo demás. Automatizamos en dos o tres días, lo que podía tomar semanas.

El emprendimiento no estuvo ni cerca de ser una de las mejores startups del programa. Pero dijimos: “OK, vamos a seguir intentando”, y llegamos a ser la única startup que continuó el proyecto inmediatamente después de terminar Singularity. Para el 2015, la empresa ya estaba valorizada en US$ 6 millones –aunque hay que tener en cuenta que en esa época las inversiones estaban disparadas por los cielos-. A raíz de esta innovación, ese mismo año, el MIT TECHNOLOGY REVIEW me reconoció como uno de los cinco peruanos innovadores menores de 35 años. Pero, sin mis fracasos anteriores, no hubiera llegado a ese punto. Todas han sido lecciones aprendidas.

PRIMERAS LECCIONES

Te cuento cómo llegué ahí. Estudié Ingeniería de Sistemas en la Universidad de Lima. Trabajé en Siemens (Alemania), luego en Price WaterHouse Coopers y después en IBM Perú, pero sentía que no era lo mío. Yo quería crear, cambiar el mundo. Así que a los 22 años salí de la universidad e impulsé un pequeño emprendimiento. Se llamaba SmartPymes y brindaba asesoramiento tecnológico a pequeñas y medianas empresas. Analizábamos tu problemática y buscábamos una solución tecnológica. No nos fue increíble, pero tampoco mal; el problema era que mi socio y yo disponíamos del mismo perfil: nos enfocábamos más en las ventas y teníamos un vacío en el rol técnico. Primera lección aprendida: siempre hay que buscar la complementariedad.

En el 2010, ambos participamos en una capacitación de una semana sobre startups, en Stanford University -un tema que casi nadie conocía aquí en esa época-. Cuando terminó, volví a Lima con la idea de hacer una startup. Así creé MedSquare, un software para que los doctores manejen mejor sus historiales clínicos. Ese emprendimiento lo hice solo, levanté capital y traté de implementarlo durante año y medio. Pero era muy difícil. Había cometido un típico error: tercerizar el desarrollo del software con una empresa. Segunda lección: cuando arrancas una startup, necesitas agilidad y también tener a alguien que esté de tu lado; eso es algo que un tercero no te da. Se me fue toda la plata pagándole a ese tercero, y al final, a los 24 años, me quedé con una deuda de US$ 10.000. Entonces hice lo que cualquier otro haría: chambear para alguien, y así poder pagar mi deuda.

DEL ERROR AL ACIERTO

Pero lo bacán es que esto me llevó a una experiencia muy buena. César Zevallos, quien era mi mentor en ese momento, tenía una empresa llamada Asix, y hacía desarrollo web multimedia para clientes grandes como Starbucks y Alicorp. Durante el año que estuve ahí, trabajé como ejecutivo de cuentas y no solo pude pagar a mis inversionistas, también aprendí a gerenciar, lidiar con los clientes, con diseño, con programación. A la par enseñaba en la Universidad de Lima. Fue bien interesante, pero luego de un año decidí renunciar a la compañía y quedarme solo con la universidad mientras volvía a emprender. En los dos años siguientes traté de lanzar uno que otro emprendimiento sin mucho éxito y ahí sentí que estaba lejos de mis metas. No sabía si era yo o el Perú, pero necesitaba ver cómo se hacía en las ligas grandes. Así fue que llegué a Singularity University y allí aprendí sobre la cultura del fracaso; esa fue la lección más reciente. Operamos en Silicon Valley dos años, hasta junio del 2016, cuando decidimos cerrar porque no lográbamos vender la cantidad que queríamos.

LA REVANCHA Y EL CRECIMIENTO

Entonces, volví a Lima con la idea de transmitir todo lo que había aprendido. Así, ingreso a la Universidad San Ignacio de Loyola como director ejecutivo de USIL Ventures, una aceleradora de startups que trata de ayudar al emprendedor. Lo que buscamos son emprendimientos en dos líneas: bionegocios y tecnología. Estos ya deben haber empezado a generar rentas y tener clara su propuesta de valor. Nuestro rol es acompañarlos y asesorarlos para que sean más ágiles, mejoren su discurso para ser más atractivos frente a los inversionistas, levanten capital, consigan más clientes y puedan crecer. Adicionalmente, lo tradicional en una aceleradora es brindar apoyo monetario. Ese aporte aún lo estamos definiendo para que haya un balance ideal.

En este proceso, el tema de la cultura del fracaso es algo que se va a transmitir a los emprendedores. Algo que me ocurría continuamente cuando estaba en Silicon Valley era que no les contábamos a los inversionistas los problemas que teníamos internamente en la organización, cuando ellos no hubieran podido ayudar bastante. Yo espero que los emprendedores tengan la tranquilidad de contarme sus problemas para ayudarlos; y si fracasan, no pasa nada. La idea es que vuelvan a intentar y se les vuelva a apoyar, porque uno apuesta por el emprendedor, no por el negocio. Hay que entender el fracaso como una parte del proceso para llegar al éxito. Esta es la única forma de aguantar los golpes de la vida.

CUATRO CLAVES PARA EMPRENDER UNA STARTUP:

1.- PIENSA EN GRANDE:

Arranca tu emprendimiento con una mentalidad global. No te concentres solo en el Perú; el mundo es el límite.

2.- BUSCA TUS COMPLEMENTOS.

No te asocies con profesionales idénticos a ti. Busca a quienes sumen al equipo.

3.- PIENSA EN GRANDE.

Arranca tu emprendimiento con una mentalidad global. No te concentres solo en el Perú; el mundo es el límite.

4.- BUSCA TUS COMPLEMENTOS.

No te asocies con profesionales idénticos a ti. Busca a quienes sumen al equipo.

José Luis Francia